¡OH DIOS MIO, YO TE AMO!... Es decir, creo en Ti, te adoro, espero en Ti, siento haberte ofendido... Te amo en esta alegría, en este dolor, en esta desilusión... Quiero amarte y hacer que Te amen más y más. Sí, esto y mucho más es lo que quieres decir cada vez que digas: ¡OH DIOS MIO, YO TE AMO!.
¿Por qué es esta oración corta, o aspiración, tan rica en significados y bendiciones de toda naturaleza. ¿Por qué quisiera yo que tú siguieras repitiéndola innumerables veces? Porque es la expresión perfecta de la caridad, la mayor de las virtudes, y cada vez la estarías aprovechando en el corazón así en los labios, y estarías cumpliendo con el mayor de todos los Mandamientos. Recordarás que un día, cierto Doctor de la Ley, deseando someter a prueba a Jesús, se acercó a El preguntándole: ¿ Cuál Mandamiento de la Ley de Dios es el mayor?.
Citando palabra por palabra de Deuteronomio, uno de los Libros del Antiguo Testamento, Jesús dio la tan conocida respuesta: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Este es el mayor de los Mandamientos y el primero.
Sabrás, que el amar a Dios es la única finalidad adecuada de nuestra existencia.
Así como las aves fueron creadas para volar y los peces para nadar y las estrellas para iluminar el cielo, así nuestros corazones fueron creados para amar a Dios.
¡OH DIOS MIO, YO TE AMO! Todos los santos han vivido y han muerto con estas palabras en sus corazones si no en los labios. San Agustín nunca pudo dejar de admirarse de que Dios infinito nos hubiera mandado a nosotros los pobres pecadores que le amásemos. "¿Quién soy, ¡Oh Dios mío!, para que Tú me mandes que te ame y amenazarme con tu ira si no Te amo?".
Santa Teresa del Niño Jesús que murió con este mismo acto de amor en sus labios ¡OH DIOS MIO, YO TE AMO! previamente había afirmado: "solamente existe una cosa única que debemos hacer durante este breve día, o mejor dicho, esta breve noche de nuestra existencia: es amar, amar a Jesús con toda la fuerza de nuestro corazón y salvar almas para El, para que El sea amado". El Beato Eimardo había dicho en ¿Qué sería más fácil y más meritorio a la vez que decir: ¡OH DIOS MIO, YO TE AMO! cuando te levantes en la mañana o cuando te retiras por la noche, en tu alegría y en tu pena, en la salud y en la enfermedad, en la Iglesia o en el hogar, en el juego o en el trabajo, en la calle o en la tienda, en todas tus actividades durante las idas y venidas del día?.
Una vez que hayas adquirido el hábito de hacer actos frecuentes de amor, puedes implantar y alentar ese mismo hábito entre tus amigos, parientes y conocidos, principalmente los enfermos y moribundos, entre los niños en la escuela .
¡OH DIOS MIO, YO TE AMO! Piensa en la gloria que puedes dar a Dios, del bien que puedes hacer a las almas en la tierra y en el Purgatorio, si constantemente repites este acto de amor en todo tiempo y en todo lugar y animas a tantos como puedas para que hagan otro tanto. Piensa en las bendiciones que lloverían sobre tu parroquia y tu patria si de cientos de fieles y miles de ciudadanos, continuamente se elevaran actos de amor hacia Dios.
Déjame asegurarte una vez mas que si sigues diciendo frecuentemente y de corazón estas seis palabras, ¡OH DIOS MIO, YO TE AMO! El en verdad te hará muy santo y feliz en el tiempo y la eternidad.
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