El Señor ha dejado los sacramentos a los Apóstoles. Así, la Iglesia, los ha recibido y desde hace dos mil años los transmite con la misma fe apostólica. Desde el día de la ascensión, la Iglesia mantiene la mirada fija en el Señor, que ha dicho “Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre” (Jn 3,12). Cristo resucitado ha subido al cielo con su cuerpo de carne y glorioso, pero se ha quedado en la tierra en su cuerpo místico que es la Iglesia, en sus miembros y en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía. Él había preanunciado: “si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito” (Jn 16,7), que había hecho posible el Corpus Verum en la encarnación y que habría dado vida al Corpus Mysticum de la Iglesia.
La apostolicidad de la Eucaristía y de la Iglesia no constituye una noticia meramente histórica, sino la manifestación permanente que Cristo es contemporáneo a cada hombre y en todo tiempo, y se refiere a nuestro misterio de comunión. La encíclica Ecclesia de Eucharistia cita la incisiva afirmación de Agustín: “(vosotros) recibís el misterio que sois vosotros”. Esta presencia, consecuencia de la Encarnación, es, por eso mismo, el misterio de la fe. En esto se revela también el misterio de la Iglesia, que en la celebración eucarística, llena de asombro, es llevada a contemplar: Ave verum Corpus, natum da Maria Vergine.
El Concilio Vaticano II ha afirmado que, a través de la obra de la redención presente en el Sacramento del altar, crece la Iglesia. Pablo VI recuerda que en el Misal Romano está la prueba de la tradición ininterrumpida de la Iglesia romana y “la teología del misterio eucarístico”. El Papa Juan Pablo II, después de haber insistido en el vínculo inseparable entre Eucaristía e Iglesia con el conocido aforismo ‘la Eucaristía edifica la Iglesia y la Iglesia hace la Eucaristía’, afirma que cuanto se profesa de la Iglesia una, santa, católica y apostólica en el Símbolo niceno-constantinopolitano se debe aplicar a la Eucaristía y sobre todo a la apostolicidad “no porque el Sacramento no se remonte a Cristo mismo, sino porque....la Iglesia celebra la Eucaristía .... en continuidad con la acción de los Apóstoles”. Además, “la sucesión de los Apóstoles en la misión pastoral conlleva necesariamente el sacramento del Orden”. Así vivida, la nota apostólica de la Iglesia es intrínseca a la comunión profunda del cuerpo místico y causa de transformación interior. Esto ayuda a comprender mejor aún el hecho que la Eucaristía es ‘don y misterio’, “que supera radicalmente la potestad de la asamblea”; no es la comunidad a dárselo desde su interior, sino que viene a la comunidad desde lo alto. Ello es subrayado con fuerza por el hecho de la ordenación del ministro, que la Iglesia da a una comunidad local, para que él pueda celebrar.
Por lo tanto, “es necesario no olvidar que, si la Iglesia hace la Eucaristía, la Eucaristía hace a la Iglesia, a tal punto, que se transforma en criterio para confirmar la recta doctrina”. También por este motivo la Eucaristía es un don para descubrir personalmente, como comunión con Cristo, profundidad del misterio y verdad existencial...
CON AMOR, MARIAM...
Etiquetas:
Compartir
¡Necesitas ser un miembro de COMUNION-CATÓLICA para añadir comentarios!
Participa en esta red social