COMUNION-CATÓLICA

UNIDOS EN EL AMOR

Luis V

Como responder a los protestantes sobre el infierno y el purgatorio?

Hola amigos de la comunidad, siempre he escuchado decir a algunos hnos. protestantes decir que no existe ni infierno ni el purgatorio, es esto cierto? como debemos defender nuestra fe?

Etiquetas: catolicos, defender, fe, purgatorio

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Respuestas a esta discusión

¿Existe el purgatorio?
Responde el P. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E.
Pregunta:

¿En qué se basa la Iglesia para afirmar que existe el purgatorio?
Respuesta:

Le transcribo la enseñanza del Catecismo de la Iglesia Católica (Catecismo de la Iglesia Católica, 1030-1032).

'Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo'.

La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al Purgatorio sobre todo en los Concilios de Florencia y de Trento. La tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura, habla de un fuego purificador: 'Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según lo que afirma Aquel que es la Verdad, al decir que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo, ni en el futuro (Mt 12,31). En esta frase podemos entender que algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro' [San Gregorio Magno].

Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos, de la que ya habla la Escritura: 'Por eso mandé [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado' (2 Mc 12,46). Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico, para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos: 'Llevémosles socorros y hagamos su conmemoración. Si los hijos de Job fueron purificados por el sacrificio de su padre, ¿por qué habríamos de dudar de que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un ciertoconsuelo? No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos' [San Juan Crisóstomo]'.

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¿Cuál es la enseñanza católica sobre el infierno?
Responde el P. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E.
Pregunta:

¿Qué enseña verdaderamente la Iglesia sobre el Infierno? ¿Ha cambiado en algo la enseñanza del pasado sobre este tema?
Respuesta:

Ante todo recuerdo la enseñanza del Catecismo de la Iglesia Católica (Catecismo de la Iglesia Católica, nnº 1033-1037):

'Salvo que elijamos libremente amarle no podemos estar unidos con Dios. Pero no podemos amar a Dios si pecamos gravemente contra El, contra nuestro prójimo o contra nosotros mismos: 'Quien no ama permanece en la muerte. Todo el que aborrece a su hermano es un asesino; y sabéis que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él''(Jn 3,15). Nuestro Señor nos advierte que estaremos separados de El si omitimos socorrer las necesidades graves de los pobres y de los pequeños que son sus hermanos. Morir en pecado mortal sin estar arrepentidos ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de El para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra ''infierno''.

Jesús habla con frecuencia de la ''gehenna'' y del ''fuego que nunca se apaga'' reservado a los que, hasta el fin de su vida rehúsan creer y convertirse, y donde se puede perder a la vez el alma y el cuerpo. Jesús anuncia en términos graves que ''enviará a sus ángeles que recogerán a todos los autores de iniquidad..., y los arrojarán al horno ardiendo'' (Mt 13,41-42), y que pronunciará la condenación:'' ¡Alejaos de mí, malditos al fuego eterno!'' (Mt 25,41).

La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, ''el fuego eterno''. La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios en quien únicamente puede tener el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira.

Las afirmaciones de la Escritura y las enseñanzas de la Iglesia a propósito del infierno son un llamamiento a la responsabilidad con la que el hombre debe usar de su libertad en relación con su destino eterno. Constituyen al mismo tiempo un llamamiento apremiante a la conversión: ''Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la puerta y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que la encuentran'' (Mt 7,13-14): ''Como no sabemos ni el día ni la hora, es necesario, según el consejo del Señor, estar continuamente en vela. Así, terminada la única carrera que es nuestra vida en la tierra, mereceremos entrar con El en la boda y ser contados entre los santos y no nos mandarán ir, como siervos malos y perezosos, al fuego eterno, a las tinieblas exteriores, donde 'habrá llanto y rechinar de dientes' [LG 48].

Dios no predestina a nadie a ir al infierno; para que eso suceda es necesaria una aversión voluntaria a Dios (un pecado mortal), y persistir en él hasta el final. En la liturgia eucarística y en las plegarias diarias de los fieles, la Iglesia implora la misericordia de Dios, que ''quiere que nadie perezca, sino que todos lleguen a la conversión' (2 Pe 3,9): ''Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa, ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos'' [Misal Romano]'.

Sobre este tema del infierno también ha habido algunas discusiones muy actuales. Se hizo eco de ellas un artículo deLa Civiltà Cattolica. Un resumen del mismo se lee en ACIPRENSA del 17 de julio de 1999. Dice lo siguiente: 'EL INFIERNO ES GARANTÍA DE LA LIBERTAD HUMANA''. En un elocuente artículo editorial, el quincenario religioso italiano La Civiltá Cattolica señaló que el infierno no es un invento de la Iglesia sino la condición misma de la libertad moral del hombre, que puede aceptar a Dios o rechazarlo.

En polémica con algunas posturas que sobre la doctrina de los ''Novísimos'' -muerte, juicio, cielo, infierno- que han venido difundiendo algunos medios de prensa, la revista católica explicó que la doctrina cristiana sobre el infierno se basa ante todo en la enseñanza de Jesús, quien no sólo anuncia varias veces el Juicio Final sino que se refiere específicamente a un lugar de condenación eterna, como se aprecia por ejemplo en Mt. 10, 28. Tales enseñanzas son difundidas también por los Apóstoles. En la Epístola a los Romanos, San Pablo explica que en el Juicio de Dios ''quienes resisten a la verdad y obedecen a la injusticia por rebelión'' deberán enfrentar su ''ira e indignación''.

Según el editorial de Civiltá Cattolica, el problema del infierno para la mentalidad moderna puede ser resumido en una sola pregunta: ''¿Cómo conciliar la infinita bondad y misericordia de Dios con la existencia del infierno eterno?''.

''Para resolver este grave problema es necesario aclarar que no es Dios quien condena al hombre al infierno, sino que es el hombre quien se autocondena a la perdición eterna: no es Dios quien inflige al hombre el sufrimiento por la eternidad, sino el hombre mismo quien lo hace, rechazando la salvación que Dios le ofrece'', explica el artículo.

''(Dios) no está pronto con el fusil apuntado, para golpear y mandar al Infierno al hombre que comete un solo pecado'', dice el artículo; ''sino más bien, habiendo creado al hombre libre, y queriendo que sea él quien elija libremente su destino, respeta la libertad humana, que es la expresión más alta de la dignidad humana''.

La revista católica explicó además que el hombre, en su libertad, tiene la capacidad de apartarse de Dios por ''el pecado grave, consciente y voluntario'' a través del cual ''el hombre lleva a cabo un acto de soberbia y orgullo, prefiriéndose a sí mismo en vez de Dios y, en última instancia, negando a Dios para afirmarse a sí mismo''.

El editorial de Civiltá Cattolica viene a aclarar algunas erradas visiones sobre el tema, publicadas recientemente por los medios italianos en vistas al Jubileo, como la idea de que ''el infierno es una colosal injusticia'' de Lombardo Vallauri, o que es producto de la ''teología fabulatoria de la condena eterna'' del historiador Pietro Prini'.

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La doctrina de la Iglesia sobre el Purgatorio encuentra fundamento en la Biblia, cuando esta se sabe interpretar correctamente:

El texto del 2 Macabeos 12, 43-46 da por supuesto que existe una purificación después de la muerte.

(Judas Macabeo) efectuó entre sus soldados una colecta... a fin de que allí se ofreciera un sacrificio por el pecado... Pues... creían firmemente en una valiosa recompensa para los que mueren en gracia de Dios... Ofreció este sacrificio por los muertos; para que fuesen perdonados de su pecado.

Los protestantes no reconocen que este libro es parte de la Biblia porque Lutero lo quitó de su Biblia precisamente porque él sabía que se refería al purgatorio. (Ver Desarrollo del canon)...

Sin embargo el Nuevo Testamento hace referencia a 2 Macabeos. Por ejemplo, Hebreos 11,35

"Unos fueron torturados, rehusando la liberación por conseguir una resurrección mejor"

Los únicos que en el Antiguo Testamento a quienes se aplica este pasaje es a los mártires macabeos, que fueron torturados por conseguir la resurrección (2 Mac. 7:11, 14, 23, 29, 36).

Asimismo las palabras de nuestro Señor:

El que insulte al Hijo del Hombre podrá ser perdonado; en cambio, el que insulte al Espíritu Santo no será perdonado, ni en este mundo, ni en el otro. Mt 12,32.

Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo. Lucas 12,58-59

En estos pasajes Jesús hace referencia a un castigo temporal que no puede ser el infierno ni tampoco el cielo.

Se llega a semejante conclusión en la carta de San Pablo, 1 Corintios 3, 12-13:

Pues la base nadie la puede cambiar; ya está puesta y es Cristo Jesús. Pero, con estos cimientos, si uno construye con oro, otro con plata o piedras preciosas, o con madera, caña o paja, la obra de cada uno vendrá a descubrirse. El día del Juicio la dará a conocer porque en el fuego todo se descubrirá. El fuego probará la obra de cada cual: si su obra resiste el fuego, será premiado; pero, si es obra que se convierte en cenizas, él mismo tendrá que pagar. El se salvará, pero como quien pasa por el fuego".

De manera que hay un fuego después de la muerte que, diferente al del infierno, es temporal. El alma que por allí pasa se salvará. A ese estado de purgación le llamamos el "purgatorio".

1 Cor 15,29: "De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué pues se bautizan por los muertos?"

La palabra "bautismo" es utilizada aquí como una metáfora para expresar sufrimiento o penitencia (Mc 10,38-39; Lc 3,16; 12,50). Pablo escribe sobre una práctica entre los cristianos de "bautizarse" por los difuntos. El no la condena, si no que la exalta como válida porque demuestra fe en la resurreción.

Compare 1 Cor 15,29 con 2 Macabeos 12,44 y verá la similitud...

Muchas almas a la hora de la muerte tienen manchas de pecado, es decir merecen castigo temporal por pecados mortales o veniales, ya perdonados en cuanto a la culpa. La Iglesia entiende por purgatorio el estado o condición en que los fieles difuntos están sometidos a purificación.

Las almas de los justos son aquellas que en el momento de separarse del cuerpo, por la muerte, se hallan en estado de gracia santificante y por eso pueden entrar en la Gloria. El juicio particular les fue favorable pero necesitan quedar plenamente limpias para poder ver a Dios "cara a cara".

El tiempo que un alma dure en el purgatorio será hasta que esté libre de toda culpa y castigo. Inmediatamente terminada esta purificación el alma va al cielo. El purgatorio no continuará después del juicio final.

Las penas del purgatorio;

Aunque no sea doctrina-definida, se mantiene como doctrina común que el sufrimiento mayor del purgatorio consiste en la "pena de ausencia", porque las almas están temporalmente privadas de la visión beatífica. Sin embargo, no hay comparación entre este sufrimiento y las penas del infierno. El purgatorio es temporal y por eso lleva consigo la esperanza de ver a Dios algún día cara a cara. Las almas lo llevan con paciencia, pues comprenden que la purificación es necesaria. Lo aceptan generosamente por amor de Dios y con perfecta sumisión a su voluntad.

Las penas del purgatorio son proporcionales al grado de pecado de cada persona. Es probable que las penas del purgatorio vayan disminuyendo gradualmente y aumente en ellas la alegría de la cercana entrada en el cielo. Estas almas tienen total certeza de la salvación y poseen fe, esperanza y caridad. Saben que ellas mismas están en amistad con Dios, confirmadas en gracia...

Testimonios de los Padres:

Son muchos. Aquí solo presentamos unos pocos:

Cuenta San Agustín que su madre Santa Mónica lo único que les pidió al morir fue esto: "No se olviden de ofrecer oraciones por mi alma".

A San Agustín le preguntaron: "¿Cuánto rezarán por mí cuando yo me haya muerto?". El respondió: "Eso depende de cuánto rezas tú por los difuntos. Porque el evangelio dice que la medida que cada uno emplea para dar a los demás, esa medida se empleará para darle a él".

San Gregorio Magno: "Si Jesucristo dijo que hay faltas que no serán perdonadas ni en este mundo ni en el otro, es señal de que hay faltas que sí son perdonadas en el otro mundo. Para que Dios perdone a los difuntos las faltas veniales que tenían sin perdonar en el momento de su muerte, para eso ofrecemos misas, oraciones y limosnas por su eterno descanso".

San Gregorio ofreció 30 misas por el alma de un difunto. Más tarde ese difunto se le apareció en sueños a darle las gracias ya que por esas misas había logrado salir del purgatorio.

La Comunión de los Santos:

Los miembros del Cuerpo Místico pueden ayudarse unos a otros, mientras estén en la tierra y después de la muerte. Toda persona en estado de gracia puede orar con provecho por las benditas almas; probablemente es necesario, al menos, hallarse en estado de gracia santificante para ganar las indulgencias por los difuntos.

Nuestra oración por las almas de los difuntos sólo puede ayudar a los que están en el purgatorio ya que la condición del infierno es irreversible y los que están en el cielo no necesitan oración, pero, como no tenemos, la certeza si un alma está en el purgatorio o no (excepto en el caso de los que han sido llevados a los altares) es recomendable orar por todos los difuntos. Nuestras oraciones por las almas del purgatorio pueden reducir sus penas en intensidad y duración. Cuando estas almas lleguen al cielo (antes no pueden) sin duda rezarán por sus benefactores.

En las oraciones litúrgicas de la Iglesia, se invoca con frecuencia a los ángeles y a los santos en favor de la Iglesia sufriente, es decir, por las almas del purgatorio.

El Concilio Vaticano II:

El Concilio Vaticano Segundo hizo profesión de fe en la Iglesia Sufriente diciendo: "Este Sagrado Concilio recibe con gran piedad la venerable fe de nuestros hermanos que se hallan en la gloria celeste o que aún están purificándose después de la muerte".

En otra ocasión, San Gregorio, estando celebrando la Misa, elevó la Hostia y se quedó con ella en lo alto por mucho tiempo. Sus ayudantes le preguntaron después por qué se había quedado tanto tiempo con la hostia elevada en sus manos y el les respondió: "Es que vi que mientras ofrecía la Santa Hostia a Dios, descansaban las benditas almas del purgatorio".

PURGATORIO EN EL CATECISMO DE LA IGLESIA CATOLICA

LA PURIFICACION FINAL O PURGATORIO:

1030 Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo.

1031 La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al Purgatorio sobre todo en los Concilios de Florencia (cf. DS 1304) y de Trento (cf. DS 1820; 1580). La tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura, (por ejemplo, 1 Co 3,15; 1P1,7) habla de un fuego purificador:

Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según lo que afirma Aquel que es la Verdad, al decir que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo, ni en el futuro (Mt 12,31). En esta frase podemos entender que algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro.

1032 Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos, de la que ya habla la Escritura: "Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado" (2 M 12, 46). Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico, (cf DS 856) para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos:

Llevémosles socorros y hagamos su conmemoración. Si los hijos de Job fueron purificados por el sacrificio de su padre, (cf. Jb 1,5) ¿por qué habríamos de dudar de que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un cierto consuelo? No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos (San Juan Crisóstomo, hom. in 1 Cor 41,5).

El Purgatorio: Purificación necesaria para el encuentro con Dios
-Catequesis de Juan Pablo II...Miércoles 4 de agosto 1999-

1. Como hemos visto en las dos catequesis anteriores, a partir de la opción definitiva por Dios o contra Dios, el hombre se encuentra ante una alternativa: o vive con el Señor en la bienaventuranza eterna, o permanece alejado de su presencia.

Para cuantos se encuentran en la condición de apertura a Dios, pero de un modo imperfecto, el camino hacia la bienaventuranza plena requiere una purificación, que la fe de la Iglesia ilustra mediante la doctrina del «purgatorio» (cf. Catecismo de la Iglesia católica, nn. 1030-1032).

2. En la sagrada Escritura se pueden captar algunos elementos que ayudan a comprender el sentido de esta doctrina, aunque no esté enunciada de modo explícito. Expresan la convicción de que no se puede acceder a Dios sin pasar a través de algún tipo de purificación.

Según la legislación religiosa del Antiguo Testamento, lo que está destinado a Dios debe ser perfecto. En consecuencia, también la integridad física es particularmente exigida para las realidades que entran en contacto con Dios en el plano sacrificial, como, por ejemplo, los animales para inmolar (cf. Lv 22, 22), o en el institucional, como en el caso de los sacerdotes, ministros del culto (cf. Lv 21, 17-23). A esta integridad física debe corresponder una entrega total, tanto de las personas como de la colectividad (cf. 1R 8, 61), al Dios de la alianza de acuerdo con las grandes enseñanzas del Deuteronomio (cf. Dt 6, 5). Se trata de amar a Dios con todo el ser, con pureza de corazón y con el testimonio de las obras (cf . Dt 10, 12 s).

La exigencia de integridad se impone evidentemente después de la muerte, para entrar en la comunión perfecta y definitiva con Dios. Quien no tiene esta integridad debe pasar por la purificación. Un texto de san Pablo lo sugiere.

El Apóstol habla del valor de la obra de cada uno, que se revelará el día del juicio, v dice: «Aquel, cuya obra, construida sobre el cimiento (Cristo), resista, recibirá la recompensa. Mas aquel, cuya obra quede abrasada, sufrirá el daño. Él, no obstante, quedará a salvo, pero como quien pasa a través del fuego» (1Co 3, 14-15).

3. Para alcanzar un estado de integridad perfecta es necesaria, a veces, la intercesión o la mediación de una persona. Por ejemplo, Moisés obtiene el perdón del pueblo con una súplica, en la que evoca la obra salvífica realizada por Dios en el pasado e invoca si fidelidad al juramento hecho a los padres (cf. Ex 32, 30 y vv. 11-13). La figura del Siervo del Señor, delineada por el libro de Isaías, se caracteriza también por su función de interceder y expiar en favor de muchos; al término de sus sufrimientos, él «verá la luz» y «justificará a muchos», cargando con sus culpas (cf. Is 52, 13-53, 12, especialmente, 53, 11).

El Salmo 51 puede considerarse, desde la visión del Antiguo Testamento, una síntesis del proceso de reintegración: el pecador confiesa y reconoce la propia culpa (v. 6), y pide insistentemente ser purificado o «lavado» (vv. 4. 9. 12 y 16), para poder proclamar la alabanza divina (v. 17).

4. El Nuevo Testamento presenta a Cristo como el intercesor, que desempeña las funciones del sumo sacerdote el día de la expiación (cf. Hb 5, 7; 7, 25). Pero en él el sacerdocio presenta una configuración nueva y definitiva. Él entra una sola vez en el santuario celestial para interceder ante Dios en favor nuestro (cf. Hb 9, 23-26, especialmente el v. 24). Es Sacerdote y, al mismo tiempo, «víctima de propiciación» por los pecados de todo el mundo (cf. 1 Jn 2, 2).

Jesús, como el gran intercesor que expía por nosotros, se revelará plenamente al final de nuestra vida, cuando se manifieste con el ofrecimiento de misericordia, pero también con el juicio inevitable para quien rechaza el amor y el perdón del Padre.

El ofrecimiento de misericordia no excluye el deber de presentarnos puros o íntegros ante Dios, ricos de esa caridad que Pablo llama «vínculo de la perfección» (Col 3, 14).

5. Durante nuestra vida terrena, siguiendo la exhortación evangélica a ser perfectos como el Padre celestial (cf. Mt 5, 48), estamos llamados a crecer en el amor, para hallarnos firmes e irreprensibles en presencia de Dios Padre, en el momento de «la venida de nuestro Señor Jesucristo, con todos sus santos» (1Ts 3, 12 s). Por otra parte, estamos invitados a «purificamos de toda mancha de la carne y del espíritu» (2Co 7, 1; cf. 1 Jn 3, 3), porque el encuentro con Dios requiere una pureza absoluta.

Hay que eliminar todo vestigio de apego al mal y corregir toda imperfección del alma. La purificación debe ser completa, y precisamente esto es lo que enseña la doctrina de la Iglesia sobre el purgatorio. Este término no indica un lugar, sino una condición de vida. Quienes después de la muerte viven en un estado de purificación ya están en el amor de Cristo, que los libera de los residuos de la imperfección (cf. concilio ecuménico de Florencia, Decretum pro Graecis: Denzinger-Schönmetzer, 1304; concilio ecuménico de Trento, Decretum de justificatione y Decretum de purgatorio: ib., 1580 y 1820).

Hay que precisar que el estado de purificación no es una prolongación de la situación terrena, como si después de la muerte se diera una ulterior posibilidad de cambiar el propio destino. La enseñanza de la Iglesia a este propósito es inequívoca, y ha sido reafirmada por el concilio Vaticano 11, que enseña: «Como no sabemos ni el día ni la hora, es necesario, según el consejo del Señor, estar continuamente en vela. Así, terminada la única carrera que es nuestra vida en tierra (cf. Hb 9, 27), mereceremos entrar con él en la boda y ser contados entre los santos y no nos mandarán ir, como siervos malos y perezosos al fuego eterno, a las tinieblas exteriores, donde "habrá llanto y rechinar de dientes" (Mt 22, 13 y 25, 30)» (Lumen gentium, 48).

6. Hay que proponer hoy de nuevo un último aspecto importante, que la tradición de la Iglesia siempre ha puesto de relieve: la dimensión comunitaria. En efecto, quienes se encuentran en la condición de purificación están unidos tanto a los bienaventurados, que ya gozan plenamente de la vida eterna, como a nosotros, que caminamos en este mundo hacia la casa del Padre (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1032).

Así como en la vida terrena los creyentes están unidos entre sí en el único Cuerpo Místico, así también después de la muerte los que viven en estado de purificación experimentan la misma solidaridad eclesial que actúa en la oración, en los sufragios y en la caridad de los demás hermanos en la fe. La purificación se realiza en el vínculo esencial que se crea entre quienes viven la vida del tiempo presente y quienes ya gozan de la bienaventuranza eterna...

OTRAS COSILLAS:

1. Las Biblias protestantes les faltan los libros que Lutero quitó en el siglo XVI.
Lutero consideró conveniente optar por el canon de Jamnia que los judíos habían establecido para distanciarse del cristianismo!. Lo prefirió a pesar que le faltaban libros que Jesús, los Apóstoles y la Iglesia desde el principio habían reconocido (ver arriba). Agrupó los libros que quitó de la Biblia bajo el título de "apócrifos", señalando: "estos son libros que no se tienen por iguales a las Sagradas Escrituras y sin embargo son útiles y buenos para leer".

Lamentablemente Lutero propagó sus errores junto con su rebelión. Por esa razón a la Biblia Protestante le faltan 7 libros del AT. Los consideran libros que ellos llaman "apócrifos".

* Tobías
* Judit
* Ester (protocanónico con partes deuterocanónicas)
* Daniel (protocanónico con partes deuterocanónicas)
* I Macabeos
* II Macabeos
* Sabiduría
* Eclesiástico (también llamado "Sirac")
* Baruc

Lutero no solo eliminó libros del Antiguo Testamento sino que quiso eliminar algunos del Nuevo Testamento e hizo cambios en el Nuevo Testamento para adaptarlo a su doctrina.

Lutero además se tomó la libertad de separar los libros del Nuevo Testamento de la siguiente manera:

* Libros sobre la obra de Dios para la salvación: Juan, Romanos, Gálatas, Efesios, I Pedro y I Juan
* Otros libros canónicos: Mateo, Marcos, Lucas, Hechos, el resto de las cartas de Pablo, II Pedro y II de Juan
* Los libros no canónicos: Hebreos, Santiago, Judas, Apocalipsis y libros del Antiguo Testamento.

Gracias a Dios, los Protestantes y Evangélicos tienen los mismos libros que los católicos en el Nuevo Testamento porque no aceptaron los cambios de Lutero para esta parte del canon. Pero se encuentran en una posición contradictoria: Reconocen el canon establecido por la Iglesia Católica para el Nuevo Testamento (los 27 libros que ellos tienen) pero no reconocen esa misma autoridad para el canon del A.T.

Es interesante notar que la Biblia Gutenberg, la primera Biblia impresa, es la Biblia latina (Vulgata), por lo tanto, contenía los 46 libros del canon alejandrino.

El reformador español, Casiodoro de Reina, respetó el canon católico de la Biblia en su traducción, la cual es considerada una joya de literatura. Pero luego Cipriano de Valera quitó los deuterocanónicos en su versión conocida como Reina-Valera...

2. El alma sólo puede ser purificada por los méritos de Cristo que murió por nosotros en la Cruz. El artículo de arriba lo enfatiza. Pero esa purificación requiere cooperación, como lo vemos en la Biblia en muchos lugares. Jesús envió a sus Apóstoles a evangelizar a todos para que se salven. Los cristianos desde el principio rezan unos por otros. Esas ayudas no sustituyen la obra de Jesús sino que dependen de ella. Cuando la persona muere no termina la oración por ella. (Fe. obras y reparaciones)...

3. La doctrina del purgatorio no contradice la doctrina del juicio final. Ambas han sido siempre enseñadas por la Iglesia. Los condenados no van al purgatorio sino solo los salvos que deben ser aun purificados por el mismo Jesús, como ya explicado en el literal 2...

4. El criterio cristiano para aceptar las doctrinas no debe ser nuestro entendimiento de ellas sino nuestra fe en Jesucristo. El encomendó sus enseñanzas a la Iglesia por medio de los Apóstoles. Creemos porque es la fe de la Iglesia...

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AHORA SOBRE EL INFIERNO...

La doctrina del infierno es ofensiva para los incrédulos y contradice el énfasis en la tolerancia y en el potencial humano que domina nuestros tiempos. ¿Quién de nosotros disfruta de alienar a nuestros amigos hablando del juicio eterno por el pecado? Para muchos de nosotros la doctrina del infierno es difícil también de reconciliar con el amor y la gracia de Dios. Más aún, estamos bien conscientes de cristianos que han utilizado mal la doctrina del infierno, usándola para manipular y controlar a otras personas. Al tratar de distanciarnos del abuso de esta doctrina y para evitar aparecer como intolerantes y sin afecto, muchos de nosotros hemos eliminado la palabra "infierno" por completo de nuestro vocabulario (haciendo que nuestra creencia sea un asunto completamente personal).

Encuestas recientes han revelado algunos hechos muy interesantes acerca de las actitudes actuales acerca del infierno. Una encuesta hecha por George Gallup en 1990 reveló que apenas algo menos que el 60% de los norteamericanos cree que existe un infierno (un descenso de más de 10% desde 1978), aunque sólo un 4% cree que el infierno es su propio destino personal. Una encuesta hecha a mediados de la década del 80 a estudiantes evangélicos norteamericanos de escuelas secundarias y de seminarios reveló que sólo uno en diez creía que el primer paso para influenciar a los incrédulos debería ser advertirlos acerca del infierno. Un 46% de los estudiantes de seminarios creía que hacer énfasis entre los no creyentes que el juicio eterno sería la consecuencia de rechazar a Cristo era "de mal gusto." Una encuesta llevada a cabo en 1981 reveló que ¡el 50% de la población de las facultades teológicas cree en la existencia del infierno (61% de los Católicos Romanos y 34% de los Protestantes)!

A pesar de las actitudes corrientes prevalecientes hacia el infierno que revelan estas encuestas, sin embargo todavía es aparente para la mayoría de los cristianos que la doctrina del infierno está firmemente asentada en la enseñanza de las Escrituras. Todas menos una de las cartas de Pablo mencionan la ira o el juicio de Dios sobre el pecado. Y de los doce usos de la palabra gehenna (la palabra más fuerte para el infierno) en el Nuevo Testamento, ¡once provienen de los labios de Jesús mismo! De hecho, ¡el Salvador enseñó más sobre el infierno que lo que enseñó sobre el cielo! De los más de 1850 versículos que registran las palabras de Cristo, 13% corresponden a los temas del juicio y del infierno. De las 40 o más parábolas pronunciadas por Jesús, más de la mitad están relacionadas con el juicio eterno del pecado. ¡Sorprendentemente, el tan bienamado "Sermón del Monte" contiene algunas de las palabras más directas de Jesús acerca del infierno!

Y DEMAS:

1. En su libro titulado simplemente "Inferno," Dante Alighieri describe con gran detalle su recorrido imaginario por los nueve niveles del infierno. El libro de Dante es una lectura fascinante. Pero para aprender cómo es el infierno realmente, debemos dirigirnos a otra fuente: la Biblia.

2. Cuando comenzamos a leer el Antiguo Testamento, encontramos referencias frecuentes al "Seol" (el mundo de los espíritus que han partido) como la morada de todos los muertos (cf. Deuteronomio 32:22). A medida que seguimos leyendo, también encontramos que vendrá un día cuando los cuerpos de todos los que están en el Seol serán resucitados: algunos, a la "vida eterna", pero otros, para vergüenza y confusión perpetua" (Daniel 12:2).

3. La creencia común de los rabinos piadosos durante al era intertestamentaria de que el Seol estaba dividido en dos secciones está reflejada en el Nuevo Testamento, que se refiere a la morada de los justos como el "paraíso" (Lucas 23:43) o "el seno de Abraham" (Lucas 16:22), y la morada de los injustos como el "Hades" (Lucas 16:23). Después de la resurrección de Cristo, parece ser que aquellos que vivían en el paraíso fueron conducidos a la presencia de Dios en el cielo donde esperan la futura resurrección de sus cuerpos. Pero aquellos que están en el Hades esperan la resurrección a un destino diferente: el infierno.

4. La palabra que se usa más frecuentemente en el Nuevo Testamento para el infierno es Gehenna. Gehenna es una referencia al Valle de Hinom ubicado en el lado sur de Jerusalén, que servía como el "basurero" de la ciudad en el tiempo de Jesús. Los fuegos en este lugar nunca se apagaban.

5. Al igual que sus contemporáneos, Jesús se refirió al Gehenna como el lugar donde "el fuego nunca se apaga" y donde "el gusano de ellos no muere" (Marcos 9:48). Si quería implicar un fuego literal y un gusano literal no tiene mayor importancia. Jesús también describió al infierno como un lugar de "tinieblas de afuera" (Mateo 22:13). ¡Pero está claro que Él quería que entendiéramos que el infierno es un lugar de deterioro y sufrimiento continuos para aquello que lo habitan! Jesús también se refirió a aquellos que eran arrojados al infierno como "echados afuera" (Mateo 8:12) o, como lo expresa Pablo sencillamente, "excluidos de la presencia del Señor" (2 Tesalonicenses 1:9). El infierno es un lugar de exclusión y de pérdida de toda bendición que proviene de Dios. El infierno se describe como un lugar de "vergüenza" por el profeta Daniel (Daniel 12:2), donde cada persona es aborrecida por cada otro habitante. Como lo ha expresado un escritor: "Los pecadores en el infierno tendrán compañía pero no simpatía"

6. Jesús dijo que el infierno será un lugar de "lloro y crujir de dientes" (Mateo 13:42). El lloro sin duda habla de un remordimiento y pena terribles. Pero el crujir de dientes habla de una ira intensa; ira contra uno mismo, ira contra Satanás, ira contra Dios. Pablo habla de los habitantes del infierno como experimentando "ira y enojo... tribulación y angustia" (Romanos 2:8-9).

7. La Biblia también nos dice que en el infierno no todos serán juzgados de la misma forma. Jesús dejó en claro que habrá grados de juicio en el infierno. Dijo que "aquél siervo que conociendo la voluntad de su Señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco" (Lucas 12:47-48). Pero si bien no todos serán juzgados de la misma forma, todos serán juzgados con seguridad. Éxodo 34:7 nos dice que el Señor "guarda misericordia a millares... y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado."...

¿Enseña la Biblia que el infierno es un lugar de castigo consciente por el pecado?

Una propuesta alternativa es que a muchos (si no a todos) les será dada una segunda oportunidad después de la muerte para responder a la gracia de Dios. Se suele hacer apelación a la afirmación en la primera carta de Pedro de que "ha sido predicado el evangelio a los muertos" (1 Pedro 4:6). William Barclay dice que en este pasaje encontramos un "atisbo de nada menos que el evangelio de la segunda oportunidad" (Comentario sobre las Epístolas de Pedro). Sin embargo, el contexto es claro en que ¡está hablando a aquellos a quienes el evangelio fue predicado en vida pero que ahora han muerto! No hay ninguna indicación para nada de que existe una oportunidad "post-mortem" de arrepentirse.

En Juan 8, Jesús dice que para aquellos que "mueren en sus pecados" no hay ninguna posibilidad de reunirse con Él en el cielo (Juan 8:21, 24). Al contrastar la expectativa del creyente de ser reunido con sus seres queridos en el cielo, dice que los incrédulos "no tienen (tal) esperanza" (1 Tesalonicenses 4:13). Estas declaraciones son difíciles de reconciliar con la creencia de que a los fallecidos se les ofrece una segunda oportunidad después de la muerte. Hebreos 9:27 dice que "está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio."

Otra propuesta, que está consiguiendo una aceptación cada vez mayor hoy, es que a los incrédulos simplemente se les hará desaparecer de la existencia o serán "aniquilados." Se busca a menudo apoyo para esta creencia en declaraciones en las Escrituras que describen a los pecadores como "pereciendo" o siendo "destruidos." El salmista dice, "así perecerán los impíos delante de Dios" (Salmos 68:2). La misma palabra, sin embargo, es utilizada en Isaías 57:1 para referirse a los justos: "Perece el justo, y no hay quien piense en ello." Está claro en el último caso que la palabra implica "sufrimiento severo." No podría de ninguna forma significar que los justos son "aniquilados." No hay, por lo tanto, ninguna razón para creer que lo contrario es el caso cuando la palabra es utilizada para describir el destino de los pecadores. "Perecer" o ser "destruido" significa "sufrir la ruina," no ser "aniquilado."

¡Que la Biblia enseña el castigo consciente eterno en el infierno, es la única deducción posible que puede alcanzarse del hecho de que las palabras más enfáticas disponibles para los escritores bíblicos fueron usadas en forma consistente para describir la duración del infierno, así como para describir la duración del cielo y hasta la existencia eterna de Dios! Así como Jesús describió el destino de los justos como "vida eterna," también Él describió el destino de los injustos como "castigo eterno" (Mateo 25:46). Así como Juan describió a Dios como el que "vive por los siglos de los siglos" (Apocalipsis 15:7), también describió el fuego del infierno como durando "por los siglos de los siglos" (Apocalipsis 14:11).

A veces se dice que la palabra griega para eterno (aionios) en realidad significa "durando una era", implicando que al final de una serie de eras Dios vaciará al infierno de todos sus habitantes. Aquellos que sostienen esta interpretación, sin embargo, dejan de recordar que si bien esta era es finita en duración, ¡era una idea común entre los oyentes de Jesús que la "era venidera" sería eterna!

Con relación al destino de Judas, Jesús dijo: "Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido" (Mateo 26:24). Si realmente fuera un destino tan terrible como sugieren estas palabras, y si es eterna su duración, ¿por qué enviaría un Dios amoroso a la gente al infierno? Si Dios es un Dios de amor, ¿por qué consignaría Él a alguien a una eternidad tan terrible como el destino que describe la Biblia para aquellos cuyo fin es el infierno?

Tal vez la doctrina bíblica del infierno puede comenzar a cobrar sentido para nosotros cuando reexaminemos nuestra comprensión de otras dos enseñanzas de las Escrituras: la naturaleza de Dios, y la naturaleza del hombre y del pecado.

Una de las revelaciones asombrosas de las Escrituras es que Dios es un Dios de amor y gracia infinitos. ¿Quién de nosotros no se siente refrescado cuando leemos las palabras del salmista: "Mas tú, Señor, Dios misericordioso y clemente, lento para la ira, y grande en misericordia y verdad" (Salmos 86:15)? Sin embargo, ¡es el mismo Dios quien también es descrito como Aquél que "de ningún modo tendrá por inocente al malvado" (Éxodo 34:7)! El Dios que ama al pecador es también el Dios "muy limpio de ojos para ver el mal" y quien "no puede ver el agravio" (Habacuc 1:13). El salmista lo cita a Dios en un punto cuando dice, "Pensabas que de cierto sería yo como tú" (Salmos 50:21). Pero necesitamos darnos cuenta que, así como el amor de Dios está mucho más allá del nuestro, ¡así también la pureza de su santidad excede todas nuestras concepciones! Cuando a Isaías se le concedió una visión del Señor en su trono, ¡fue sacudido por su impresión de Su santidad (Isaías 6:3)! Por cierto, Dios es un Dios de amor indescriptible, ¡pero Él es tanto o más un Dios de santidad y justicia absolutas! Cuando obtenemos una visión de la santidad de Dios tal como está retratada en la Biblia, comenzamos a entender la razonabilidad de la doctrina del infierno.

También recibimos ayuda si permitimos que las Escrituras nos informen más plenamente en nuestra comprensión de la naturaleza del hombre y del pecado. El énfasis en nuestra generación en el valor y la dignidad de la persona humana han sido una corrección bienvenida en contra del sobreénfasis anterior en la depravidad del hombre. Pero, sin embargo, es fácil para nosotros perder de vista el hecho de que si somos por cierto creados a la imagen de Dios, y somos de un valor muy especial en sus ojos, no obstante estamos también profunda e indeleblemente manchados por el pecado en cada área de nuestro ser. El Dios que conoce cada pensamiento y motivación de cada corazón humano dijo que "engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?" (Jeremías 17:9). ¡Jesús mismo dijo que "de dentro, del corazón de los hombres, salen (todo tipo de maldades)" por los que somos contaminados (Marcos 7:21-23)!

Cuando Esdras se enteró de la desobediencia de la gente de Israel al casarse con incrédulos, dijo, "rasgué mi vestido y mi manto,... y me senté angustiado en extremo" (Esdras 9:3). Cuando el Apóstol Pablo vio la ciudad de Atenas llena de ídolos, "¡su espíritu se enardecía (Hechos 17:16)!" ¿Es posible que hemos perdido algo del sentido de la seriedad del pecado que parecía tomar el corazón de estos dos hombres?

Algunos han objetado que mientras que el pecado es por cierto digno del castigo, un pecado "finito" difícilmente merezca un castigo "infinito" en el infierno. Pero que nuestra rebelión contra Dios deba considerarse "finita" en su naturaleza no está del todo claro.

Cuando consideramos que Aquél contra quien nos hemos rebelado es Aquél que nos dio la vida, quien es la fuente de cada cosa buena que conocemos en la vida, y que ha extendido su amor al dar a Su Hijo como pago por nuestro pecado, ¿cómo podemos medir de alguna forma la gravedad de nuestro pecado o el castigo que merece? Cuando consideramos también que no hay ninguna indicación de que aquellos que estén en el infierno alguna vez experimentarán un "cambio de corazón" en su actitud ante Dios, sino que de hecho probablemente se volverá cada vez peor, tal vez podamos ver que el juicio de Dios es completamente justo...

Por último, sin duda la doctrina del infierno ha sido a veces abusada. Pero "Que su mal uso no resulte en su no uso" en nuestros esfuerzos por conducir a la gente a Cristo...

Fuente: Rick Rood y Catecismo de la Iglesia Católica...

Con amor, Mariam...

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Cuando Cristo Jesus muriò temblò la tierra y se abriò. Muchas almas salieron de los infiernos, no del infierno y subieron al cielo. ¿Còmo podrìa haber pasado èsto si no existiese el purgatorio? Lo mismo en su Gloriosa Resurecciòn, muchas almas se elevaron al cielo. Como dice en el catecismo de la Iglesia, las almas se purifican en el fuego para luego, llenas de gloria entrar al cielo y ¿Còmo es ese fuego que no quema sino que lava como hace el agua o como preferimos decir, purifica? Es el amor de Dios, el amor que enciende de amor a los que se arrepienten de sus pecados reconociendo la existencia de Dios antes de morir. Se dice que el unico pecado que no se perdona son las ofensas al Espiritu Santo, los que mueren asì, los que no se arrepienten y no reconocen la existencia de Dios antes de morir, son los que caen al fuego eterno que no consume.
Negar todo èsto es negar la omnipotencia de Dios y Su Palabra Divina pues està escrito en la Sagrada Biblia y yo no me atreverìa a tacharlo de mentiroso a El... JAMAS

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