COMUNION-CATÓLICA

UNIDOS EN EL AMOR

Por tu inmensa bondad, llego hasta tu Casa, y me postro ante tu santo Templo con profundo temor. (Salmo 5:8).
Eleva hasta el Altar del Cielo tu alabanza, tu acción de gracias, tu adoración.
"Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.Ahora estarán abiertos mis ojos, y atentos mis oídos, a la oración en este lugar:
Porque ahora he elegido y santificado esta casa, para que esté en ella mi nombre para siempre; y mis ojos y mi corazón estarán ahí para siempre".
(2Cron.7:14-16)

Etiquetas: adorar, eucaristia, jesucristo, monte santo, oración, templo

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Con el artículo que agrego mas abajo copio una serie de notas recibidas sobre ADORACION.
Que su lectura te una mas al Dios Único y Trinitario.

ADORACION AL PADRE POR CRISTO

"Nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo" (1 Jn 1,3).

1, Reflexión

La adoración de la Antigua Alianza está dirigida globalmente a Dios, no diferenciado todavía en tres personas: "Al Señor, tu Dios, adorarás" (Dt 6,13). En la Nueva Alianza se nos abren las puertas del conocimiento trinitario y de la relación del hombre con Dios-Padre, Dios-Hijo y Dios-Espíritu Santo. A partir de aquí y de la presencia del "Verbo que se hizo carne y acampó entre nosotros" (Jn 1,14), la anterior adoración a Dios se convierte en adoración específica también a las personas de la Trinidad. En medio de este proceso encontramos al Hijo, que nos trae el conocimiento del Padre y nos envía el Espíritu Santo, que hace de intermediario para nuestro acercamiento y nuestra adoración a Dios.

A partir de Cristo los hombres podemos adorar al Padre, porque él nos lo revela y porque en él y con él podemos llamarle ‘Padre’ y adorarle en espíritu y en verdad: "A Dios nadie le ha visto jamás; el Hijo único que está en el seno del Padre, él lo ha contado" (Jn 1,18); y Dios “nos ha hablado por medio del Hijo” (Hb 1,2), que al mismo tiempo es “resplandor de su gloria e imagen de su ser” (Hb 1,3),
Jesús insiste en que él está dando a conocer al Padre y dice: "Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Desde ahora le conocéis y le habéis visto... Quien me ha visto a mí ha visto al Padre" (Jn 14,7.9). Más aún: "las palabras que digo, no las digo por mi cuenta; el Padre, que permanece en mí, es el que realiza las obras" (Jn 14,10).

El cristiano no sólo puede adorar al Padre desde fuera, como los antiguos adoradores, sino desde dentro. Jesús afirmó: "Creedme, yo estoy en el Padre; y el Padre está en mí" (Jn 14,11). Si a esto añadimos que los cristianos estamos injertados en Cristo por el bautismo, llegamos a la conclusión de que podemos adorar al Padre desde nuestra nueva posición en Cristo.
Cristo es el camino, la verdad y la vida: “Nadie va al Padre, sino por mí" (Jn 14,6). Por eso "tenemos plena seguridad para entrar en el santuario, en virtud de la sangre de Jesús por este camino nuevo y vivo, inaugurado por él para nosotros a través del velo, es decir, de su propia carne" (Hb 10,19-21). Él es el camino para llegar al Padre y no hay otro; es camino para el conocimiento y camino para una relación con el Padre, donde la adoración ocupa el primer lugar.
Con palabras de Pablo: "Por él unos y otros tenemos acceso al Padre" (Ef 2,18). Es una afirmación procedente de su experiencia: "Vivo, mas no yo; es Cristo quien vive en mí" (Ga 2,20). Ése es el secreto final: sólo si vivimos en Cristo estaremos en condiciones de conocer, amar, tratar y adorar al Padre como él espera de nosotros: algo que resulta posible con Cristo, pero imposible sin él.

2. Palabra profética

Durante el tiempo de la adoración viene la visión de un camino no muy largo y una fuerte luz que lo está iluminando desde el final. Al principio de ese camino hay en el suelo ropas que se han caído, incluso sandalias que han quedado allí mientras que, atraídas por la luz, avanzan por el camino unas siluetas. Luego se escuchan estas palabras: “Cuando estáis postrados a mis pies, cuando todo vuestro ser queda rendido en mi presencia, es mi luz la que os ilumina y os muestra aquéllas áreas de vuestra vida que tienen que cambiar. Es mi verdad la que os ayuda a caminar por mis caminos y es mi fortaleza la que os ayuda a cambiar actitudes y comportamientos que tenéis que cambiar, porque os he llamado a la santidad; sólo cuando seáis santos, como yo soy santo, estaréis preparados para hacer todo lo que espero de vosotros. No olvidéis nunca la necesidad que tenéis de estar a mis pies, no dejéis nunca de postraros ante de mí”.

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